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"Entre Úrsulas y Amarantas", un encuentro para reflexionar sobre la mujer en el universo de la cultura Caribe.

Septiembre 05, 2018

Del 12 al 14 de septiembre, en el marco de las reflexiones generadas por el Doctorado en Sociedad y Cultura Caribe y la Escuela Doctoral de la Red Hila, se llevará a cabo este encuentro que tiene como objetivo disertar sobre el papel de las mujeres en los procesos de desarrollo cultural; las visiones desde la escritura femenina en el Caribe y la mujer en el contexto de la música caribeña, entre otros imaginarios artísticos.

El evento se llevará a cabo en el Museo Bolivariano de la Universidad Simón Bolívar (calle 68 No. 53-56. Barrio El Prado).

El siguiente es el texto preparado por María Nohemí González directora de la Red Iberoamericana en Ciencias Sociales con Enfoque de Género (RED HILA) y del grupo de investigación Género, Familia y Sociedad de Unisimón, en el que expresan sus sentires respecto a este espacio.

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En este encuentro nos acompaña una imagen, un símbolo, un recuerdo, una mujer que vive en cada página de los miles de libros de Cien años de soledad y que está por aquí y por allá, en cada Macondo, lugar que pervive en la conciencia humana y es posible hallarlo perdido en cualquier lugar del orbe.

Desde esa mujer, desde todas las que le antecedieron en la vida real y en el mundo de la literatura, y por las que existirán en un mañana, hay que vociferar con fuerza que no hemos estado ausentes y no lo estaremos nunca, mientras haya vida

Vamos a sentirla y a pensarla, así como la describió Gabo: activa, menuda, severa, aquella mujer de nervios inquebrantables, a quien en ningún momento de su vida se la oyó cantar, parecía estar en todas partes desde el amanecer hasta muy entrada la noche, siempre perseguida por el suave susurro de sus pollerines de olán.

Pero vamos también a pensarla como parte del origen y del devenir humano. Pudo ser Eva o Antígona, Juana de Arco o Dulcinea, Marie Curie o Penélope, Indira Gandhi, Policarpa Salavarrieta o Gabriela Mistral. O nuestra madre o tú, o yo, o cualquier otra mujer, porque llevamos en el vientre la vida, en nuestro regazo la humanidad entera ha derramado un raudal de lágrimas, en nuestro hombro se han apoyado hasta los grandes titanes como si fueran criaturas abandonadas y nuestros brazos han cobijado al amor y al desamor y nunca hemos fallecido, ni nos hemos entregado sin luchar.

Hemos venido peleando en mil batallas como le tocó a Úrsula Iguarán. Nos ha tocado superar un sin número de obstáculos colocándonos frente a los prejuicios sociales, a un patriarcado indolente que nos niega, aunque somos el motivo de su existencia.  No sin razón García Márquez, ha dicho que Úrsula Iguarán es “la mujer omnipresente y casi omnipotente”. Ella es totalidad e individualidad, es la fuerza, la inteligencia y la perseverancia. Hace presencia en todas partes y sin ella la vida no tendría posibilidad alguna. Es un arquetipo de mujer en el que nos podemos reflejar. Y así como Úrsula, vivimos una gran tragedia y cargamos a cuestas la soledad infinita nuestra y las de las demás. Pero, cada vez que como mujeres asumimos un nuevo rol, como lo hizo Úrsula, nos encontramos en una posición no agradable ni fácil porque que tenemos que “superar la vergüenza y determinados prejuicios sociales• (Vinatea, 2012, p.3)

Tal vez no hay tiempo para nosotras mismas y como le acaeció a la dama inmortal de Cien años de soledad, solo cuando cumplió más de cien años halló el tiempo para pensar en lo que había vivido y en lo que había hecho. Pero en ese mismo instante, talvez, como ella, nos vamos a encontrar con el hecho de haber engendrado tantas voluntades, permitido tantos atropellos, parido a seres tan distintos y complejos que podríamos pensar que no tenemos el control, porque, así como el mundo está lleno de caminos intrincados, así de diversas son las descendencias y distintos los seres humanos, y no por ello vamos a hacer lo de Remedios la Bella, a quien la misma Úrsula dejó ir al cielo. Cabe recordar que Úrsula pudo apreciar que la actitud de Aureliano era producto de una absoluta incapacidad para amar; en el caso de Amaranta, la lucha a muerte entre un amor sin medidas y una cobardía invencible determinan el miedo que siempre le tuvo a su atormentado corazón y siente por ella una compasión infinita; también recuerda a Rebeca la única que no llevaba su sangre y se da cuenta de que fue la que tuvo la valentía sin frenos que ella había deseado para su estirpe (Vinatea, 2012, p.2).

Ahora bien, sin mujeres como Úrsula no se podría asegurar la estirpe humana y ni la misma literatura tendría algo que contar, pues no vería la luz ninguna pluma, porque el milagro de parir se habrá desvanecido entre las manos de quienes nos violan y entre los cuerpos que nos hieren y nos arrancan el deseo de vivir, encerrándonos en infiernos mentales que a muchas conducen al desencuentro de su mente y de toda su existencia. 

Pero, cuando asumimos el liderazgo nos parecemos a la Úrsula de Cien años de soledad. Ese liderazgo se inicia muy pronto, y en consecuencia nos hace estar presentes en la fundación de comunidades, en los trabajos que asumimos, en los retos que aceptamos y como en una implacable labor de hormigas trabajamos de sol a sol tratando de mantener unida a la familia y a la sociedad: nuestro rol de madre está allí tejiendo lazos de afecto para que nadie se marche sin sentir que los amamos.

Sin embargo, hay momentos en que el alma se nos arruga y nos lleva a pensar como Úrsula, si no era preferible acostarse de una vez en la sepultura y que le echaran tierra encima, y le preguntaba a Dios, sin miedo, si de verdad creía que la gente estaba hecha de fierro para soportar tantas penas y mortificaciones; y preguntando y preguntando iba atizando su propia ofuscación, y sentía unos irreprimibles deseos de soltarse a despotricar como forastero, y de permitirse por fin un instante de rebeldía, el instante tantas veces anhelado y tantas veces aplazado de meterse la resignación por el  fundamento (Cien años de Soledad)

Ahora bien, llegando al final, me atrevo a evocar las palabras de García Márquez quien afirmó que “muchas veces las mujeres sostienen el mundo en vilo para que no se desbarate, mientras los hombres tratan de empujar la historia”, pero, también creo que la historia debe ser movida y transformada por nosotras para que la vida vuelva a su lugar, a nuestro vientre, a nuestro cuerpo, a nuestros pensamientos y se nos coloque en el lugar en el que siempre debimos estar. Así lo hizo Úrsula y en su nombre moveremos el mundo.

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