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Alianza Unisimón - El Heraldo: la esencia del 'alma negra' resiste en los palenques urbanos

Mayo 29, 2018

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Alianza Unisimón - El Heraldo: la esencia del 'alma negra' resiste en los palenques urbanos

La lucha de la población palenquera de Nueva Colombia y Me Quejo por su identidad, analizada por investigadores de la Universidad Simón Bolívar.

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La venta de bollos de mazorca en las afueras de algunos supermercados, los dulces maravillosos que se expenden en diferentes rincones de la ciudad al aproximarse la Semana Santa o el contagioso son de los tambores en el Carnaval son solo algunas evidencias de la presencia palenquera en Barranquilla.

El acervo cultural de esta comunidad se encuentra muy vivo y sigue la lucha por su preservación en el tiempo pese a los diversos factores de la modernidad que lo amenazan. Esa ‘alma negra’ conserva su esencia en los llamados ‘palenques urbanos’, particularmente en los barrios Nueva Colombia y Me Quejo, cuyo proceso de conservación de identidad ha sido objeto reciente de análisis del grupo de investigación Estudios Interdisciplinarios sobre el Caribe, del Centro de Investigación e Innovación Social José Consuegra Higgins (CIISO) de la Universidad Simón Bolívar.

El estudio rescata la importancia de esta población como poseedora de una serie de conocimientos a partir de la construcción de sus propios espacios. Allí han reafirmado sus valores como comunidad y sus más reconocidas manifestaciones culturales.

Los dos barrios analizados se extienden en un territorio de aproximadamente 70 hectáreas y hacen parte de la localidad Murillo Suroccidente, donde está asentada el 93,6 % de la población palenquera en Barranquilla (censo 2005).

Los investigadores Matilde Eljach, Efraín Llanos y Ezequiel Quiroz, autores del estudio, encontraron que este grupo poblacional es uno de los que muestra una alta pertenencia étnica a través de la manifestación del orgullo de ser palenquero, además de la forma de cohesión grupal que mantiene mediante fuertes lazos familiares y de filiación, con sentimientos de compañerismo, fraternidad, ayuda, respaldo y defensa.

Velorios y solidaridad

 Según Quiroz: “estos valores, surgidos desde el mismo momento de la creación de los palenques como zonas de resistencia al avasallamiento y al maltrato social, se mantienen en el tejido social de los palenqueros a pesar del decurso social, económica y políticamente adverso de la historia. Sus lazos de amistad no solo se circunscriben al barrio donde viven, sino que involucra a los palenqueros residentes en otras ciudades, en el mismo San Basilio, e incluso en el exterior”. Afirma además que “mantienen costumbres ancestrales africanas en los rituales mortuorios como el luto colectivo, el velorio acompañado de llanto, danzas, bailes de bullerengue y son palenquero”.

La socióloga Eljach comenta que el aporte de esta nueva investigación sobre los asentamientos “radica en que a pesar de que esta ciudad ha cambiado tanto, Barranquilla ha crecido, se ha desarrollado espacial, cultural y económicamente, la comunidad se esfuerza por mantener preservada su cultura ancestral que viene del palenque y al palenque llegó del África ancestral en la Colonia”.

El investigador Llanos, doctor en Geografía, destacó que “todavía en esos territorios de Nueva Colombia existe, por ejemplo, una organización juvenil que se llama el ‘cuagro o kuagro’ que viene del palenque y de África. Entre sus objetivos está preservar los valores culturales, las interrelaciones; de allí que la recuperación del lenguaje nativo, de la sazón en la gastronomía, de los peinados tradicionales, la música, entre otras, son manifestaciones palpables de lo que yo llamo ‘resistencia espacial’ porque la han ejercido estas comunidades para ganarse un espacio donde conservar todos sus valores identitarios”.

En principio los palenques urbanos eran asentamientos informales que apuntaban a solucionar un problema que era vital para ellos: la vivienda, donde empezaron a luchar por mantener sus costumbres por encima de la aculturación que los ha tocado por el contacto, en este caso, con la sociedad barranquillera.

La preservación de esa identidad y la construcción de territorio simbólico es, a juicio de los investigadores, un mecanismo de defensa contra la discriminación tanto externa como desde el mismo interior de la población, pues reconocen que hubo momentos en que optaban, por ejemplo, por no hablar la lengua palenquera por temor a burlas y señalamientos.

Y a pesar de los aportes que le han hecho a la cultura de la ciudad y de todo el Caribe, es claro que buena parte de esta población vive en condiciones de marginalidad, con múltiples problemas como ilegalidad en predios, falta de empleo, inseguridad, vías inaccesibles, etc., que no les permiten integrarse activamente a la dinámica del progreso local. 

Sobre esto la dra. Eljach dice que “ellos son una presencia viva en nuestra ciudad, y a los barranquilleros nos falta reconocerla en su dimensión y en su gran aporte, y a las autoridades locales ponerle la mirada a las condiciones de vida de estas comunidades”. Agrega que justamente por su aporte es que los caribeños “somos diferentes al resto de la sociedad americana porque tenemos el componente afro, sino seríamos como el pueblo boliviano o el ecuatoriano, más indígenas que españoles; tenemos toda esa dimensión cultural que trasciende fronteras y nos integra al Gran Caribe, gracias al aporte del pueblo africano que llegó esclavizado y que con toda la generosidad nos legó su alegría, el tono de piel, las formas de la solidaridad, la fisonomía, la fortaleza física”.

Los fogones y el legado cultural

 En el caso de la cultura gastronómica, la producción de dulces y bollos para la venta callejera, los autores explican que ya muchos de los descendientes de palenqueros son profesionales o universitarios en curso por lo que estiman que es posible que la tradición empiece a mermar en un lapso de diez o quince años, dado que estas personas se dedicarán, por su mismo proceso académico, a otras actividades.

Los investigadores resaltaron que para este análisis fue vital el aporte de los palenqueros y afrodescendientes Rosalbita Tejedor, Orfelina Herrera, Dolcey Romero, Sergio Cassiani, Noravis Tejedor Cassiani, Rosa Carmiña Herrera, Lina Padilla Estrada, Ronald Valdés, Manuela Pérez Salgado, Abel Pérez, Mariano Cassiani, Ricardo Pizano, Máximo Tejedor Herrera, Julio Coronado Gómez, entre otros, quienes compartieron generosamente sus conocimientos sobre la cultura palenquera.

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