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LA UNISIMÓN FUE CÓMPLICE DE SUEÑOS EN MI VOCACIÓN DE SERVICIO

Mayo 28, 2021

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LA UNISIMÓN FUE CÓMPLICE DE SUEÑOS EN MI VOCACIÓN DE SERVICIO

Erwing Daniel Rico Rodríguez, egresado del programa de Trabajo Social de Unisimòn.

El municipio de Los Patios, Norte de Santander, vio nacer a Erwing Daniel Rico Rodríguez el 19 de julio de 1997, quien llegó a transformar la vida de muchas personas a través de su historia.

En la Universidad Simón Bolívar y en su profesión de Trabajo Social encontró la principal ‘arma’ para educarse, capacitarse, superarse y ser un ejemplo en la sociedad. Sus sueños se forjaron, construyeron y se hicieron realidad gracias al apoyo de la Unisimón.

Es el tercero de tres hermanos que conforman una humilde familia patiense. Como en todo hogar, fueron apareciendo muchas dificultades, tanto físicas como económicas. La madre del joven es docente, y el padre soldador, pero en ese entonces los dos estaban desempleados y se enfrentaron a una fuerte lucha para lograr el bienestar de sus hijos.

Luego de siete años de haber nacido, las consecuencias de una complicación durante el embarazo de su progenitora empezaron a evidenciarse. “Tuve problemas en mi proceso de crecimiento, porque en el embarazo anterior mi madre tuvo morochos sietemesinos que le dejaron un problema en el útero y me generaron dificultades físicas para las cuales ningún doctor daba esperanza de vida.”

A partir de ese momento, la angustia y la preocupación se apoderaron de sus padres, quienes cada día eran testigos de los gritos desesperantes y lágrimas de dolor de su hijo. Pero nunca se dieron por vencidos; sabían que, aunque los médicos habían diagnosticado que no sobreviviría, la esperanza en Dios seguía vigente y era la única garantía de vida que tenían para Daniel.

El niño fue sometido a una operación. “Doctor haga su trabajo que Dios hace el resto”, fueron las palabras de los progenitores. Las oraciones dieron resultado, el procedimiento fue satisfactorio y Dios le dio a Daniel una nueva oportunidad de vida para cumplir su propósito en este mundo.

Bien dice el refrán “Después de la tormenta viene la calma”, pero parece que para la familia Rico Rodríguez apenas iniciaba la tempestad. A los 12 años, Daniel se enfrentó a un obstáculo que dio un giro de 360 grados a su vida. La curiosidad lo llevó al mundo de las drogas.

Otra batalla

“Recuerdo que iba para mi casa y un amigo me ofreció probar la droga, en ese momento dije que no, pero me fui muy pensativo. Sin embargo, él me dijo que si quería podría hacerlo en la madrugada, así que esa noche sentí tanta curiosidad que me escapé por el patio saltando por el techo de mi casa y la de unos vecinos”, contó.

Desde ese entonces aquel niño cristiano e inocente cambió totalmente. “Siempre me gustó el rap, cantar y hablar de Dios, pero en ese momento ya no quería asistir ni a un solo culto o reuniones cristianas. “El consumo transformó mi diario vivir, desde los 12 hasta los 17 años ese vicio se apoderó de mi vida, ni siquiera me daba cuenta de lo mucho que estaba haciendo sufrir a mi familia”, comentó el joven.

Mientras Daniel creía disfrutar de ese camino, su mamá todas las noches oraba y lo ungía con aceite bendito, pues tanto ella como sus familiares siempre mantuvieron la fe de que algún día dejaría ese camino.

Cinco años después, Rico empezó a sentir la necesidad de una transformación. Todos los días despertaba con el cuerpo y rostro lleno de aceite (signo sacramental que la madre usaba para hacer oración por su hijo). Daniel no sabía lo que pasaba hasta que una madrugada descubrió a la mamá arrodillada al lado de su cama suplicando a Dios por la vida de su hijo.

El joven narró que “estaba en mis 17 cuando llega un momento en que me veo al espejo y consciente de mi físico deteriorado empiezo a recapacitar; sentía que nada me llenada. La tristeza e impotencia eran mi única compañía, así que sabía que tenía mucho por dar y el único camino era rehabilitarme.”

Tras su decisión de cambio, tuvo el apoyo total de familiares y amigos, comenzó a asistir a una iglesia y conoció el poder del Espíritu Santo. “Logré el cambio gracias al maravilloso poder de Dios”, afirmó.

Unisimón llega a su vida

Esta nueva oportunidad hizo florecer en Rico el interés por formarse como profesional, pues quería ser ejemplo para otras personas. Comenzó a consultar con conocidos y familiares sobre carreras profesionales con vocación de ayudar y servir. “Fue ahí cuando me mencionaron la hermosa palabra de Trabajo Social y la grandiosa institución de la Universidad Simón Bolívar. Decidí ir hasta la U y preguntar. Me gustó mucho como me atendieron y desde ese momento supe que había escogido el lugar exacto para mi formación”, expresó Rico Rodríguez.

En el 2016 inició la carrera de Trabajo Social en Unisimón, donde conoció personas que aportaron a su crecimiento personal y profesional. Tuvo dificultades hasta para transportarse, pero poco a poco fue derribando cada obstáculo; tenía planteado como objetivo: cumplir con todas sus labores académicas y reforzar sus conocimientos. Sin duda, se había enamorado de la carrera.

“A veces me rechazaban, por mi aspecto físico o mi manera de expresarme, pero lo que nadie sabía, era que tenían a un compañero luchando por dejar un mundo atrás, el cual casi le quita la vida. Entonces aquellos momentos de rechazo me los guardaba en silencio pidiéndole a Dios que me permitiera continuar con mi formación para ser un excelente profesional”, confesó.

Y como la academia es para todos, La Unisimón siempre le bridó apoyo. Daniel fue venciendo sus miedos y derrumbando todos los obstáculos que se le presentaban en el camino. Se animó a pertenecer a los semilleros de investigación, a la selección de fútbol y además, realizó diferentes capacitaciones. En todas las ofertas de actualización para su formación que hacía la U, Daniel Rico estaba presente.

Vio materializado sus sueños cuándo en marzo del 2021 recibió el diploma de graduación y fue reconocido oficialmente como profesional de Trabajo Social de Unisimón. “Siempre agradezco a la universidad por ser mi cómplice de sueños, porque desde que me vinculé se me abrieron muchas puertas que hoy me permiten tener un trabajo estable en la ONG Cidemos. Actualmente dedico mi vida a dar palabras de aliento a personas que lo necesitan, hago videos de motivación personal y fortalezco mis capacidades de canto y composición a través del rap celestial, compartiendo mensajes de esperanza e impartiendo conocimientos adquiridos en la academia y desde mi experiencia. ¡El cambio sí se puede, hay Daniel Rico pa' rato!”.

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