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Votemos por el mejor

Columna publicada el 16 de mayo de 2022 en El Heraldo

Al iniciar la pandemia, Colombia vivía un estado de crispamiento en el que ocupaban sitial de preeminencia la polarización, el reclamo social y la violencia callejera. En esos momentos se creyó que el fuerte impacto de la crisis sanitaria y la sensación de fragilidad humana que vivimos todos harían resurgir sentimientos positivos que poco a poco hemos relegado como la solidaridad, la tolerancia y la convivencia pacífica. Pero la realidad ha sido otra. Estos tiempos de pospandemia y de campaña electoral se han caracterizado por el agravamiento de la problemática socioeconómica y la exacerbación de la polarización y la intolerancia.

Lamentablemente, las propuestas para solventar las problemáticas más urgentes del país, así como el amplio abanico de necesidades sociales que ameritan la atención de los candidatos, se fueron quedando en segundo plano de los debates públicos y solo plasmadas en los planes de gobierno que parecieran haber sido construidos para el mero cumplimiento de un requisito de ley. El ejercicio democrático de elección presidencial continúa desarrollándose con una pobreza de debates serios, carentes de propuestas programáticas, planteamientos políticos, posturas éticas y compromisos claros de los candidatos en la lucha contra la miseria, la corrupción, el desempleo, la inseguridad, el alto costo de la vida y el resto de problemas cotidianos que agobian a los ciudadanos. 

Agrava esta situación el hecho de que las tendencias de consumo de información en los medios de comunicación y las redes sociales ubican en posiciones privilegiadas los contenidos escandalosos, dañinos y tóxicos dándoles prioridad a los agravios que atenten contra la reputación de los contrincantes en el debate presidencial, aun cuando su veracidad sea dudosa o cuando se refieran a asuntos eminentemente personales, como las llamadas campañas negativas o sucias, que causan gran impacto en el público. 

Es triste que los discursos incendiarios y de odio tiendan a ganar, con suma facilidad, adeptos que, inmediatamente, los reproducen sin verificar su idoneidad, abriéndole paso a cadenas de despropósitos y calumnias en las redes sociales.  

El compromiso que nos debe unir a todos los colombianos en la gesta electoral del 29 de mayo es preservar nuestra democracia que, aunque imperfecta, nos permita continuar consolidándonos como sociedad civilizada. Para ello, todos debemos ejercer nuestro derecho a votar libremente, que nuestra guía de decisión sea el análisis objetivo de las propuestas, las capacidades y la experiencia de quienes fungen como candidatos, y estemos totalmente convencidos de que el escogido por cada uno es la persona más idónea para asumir eficientemente las riendas de la Nación y dar los timonazos necesarios para cumplir con los anhelos de cambio que exigimos hoy todos los colombianos, que permitan la consolidación del Estado Social de Derecho y la superación de estigmas como la inequidad, la pobreza y la corrupción. Por ello, es necesario que votemos todos y así ganará Colombia. 

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