Noticias Unisimón
Agosto 10, 2026
Lee aquí la columna publicada el 6 de julio de 2026 en El Heraldo
Por José Consuegra Bolívar
@Rector_Unisimon
La tragedia que vive Venezuela desde el pasado 24 de junio por los dos terremotos, de 7,2 y 7,5 en la escala de Richter, nos desgarra el alma hasta las lágrimas. Las consecuencias de este desastre que se suma a los numerosos problemas que sufre el país hermano, se reflejan en los testimonios de los sobrevivientes que, contra todo pronóstico, renacieron entre los escombros y que lloran por los familiares que no lo consiguieron; en los milagrosos rescates de niños prácticamente ilesos; en las madres que aún claman por el rescate de sus hijos atrapados entre las losas de los edificios, entre muchas historias tan desgarradoras como admirables.
Hasta el 3 de julio, el reporte de las autoridades daba cuenta de 2295 muertos, 11 267 heridos, 12 841 personas desplazadas, al igual que miles de desaparecidos, además de cuantiosos daños materiales, principalmente por las edificaciones colapsadas y las que deben ser demolidas en seis estados venezolanos, incluido el Distrito Capital de Caracas. Decenas de miles de familias perdieron sus viviendas y reclaman una pronta reconstrucción.
Empero, en medio de la catástrofe, la luz de la solidaridad ha traído esperanza a las decenas de miles de afectados, a través de rescatistas extranjeros como los “topos” mexicanos, el equipo élite colombiano USAR COL-1 (Cruz Roja, UNGRD, militares, etc.), y otras organizaciones particulares y oficiales que, desde el primer momento, acudieron a Venezuela. Ellos, junto a los mismos damnificados, trabajan incansablemente en la recuperación de personas y animales atrapados, al igual que de los cuerpos de las víctimas mortales. También han llegado donaciones de artículos básicos realizadas por particulares en otros países y organizaciones privadas y públicas.
Sin embargo, después de dos semanas de los fenómenos naturales, se vive una crisis humanitaria por la necesidad de alimentos, agua, medicinas, elementos de aseo y otros productos son acuciantes; miles de familias duermen en las calles y se registran saqueos. Por ello, al donar, es recomendable buscar canales verificados, para garantizar que la ayuda llegue a quienes la necesitan.
Estos momentos revalidan que la solidaridad no debe ser una cualidad circunstancial sino un valor que debemos poner en práctica permanentemente. Como dijo Tolstoi:
“He comprendido que mi bienestar solo es posible cuando reconozco mi unidad con todas las personas del mundo, sin excepción”.
Las necesidades de nuestros hermanos venezolanos son apremiantes y nuestro respaldo es fundamental para ello. No los abandonemos.
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