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NO ES AMOR, ES MALTRATO

Septiembre 09, 2019

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NO ES AMOR, ES MALTRATO

155 es la línea para garantizar a las mujeres una vida libre de violencias. / Foto tomada de internet.

Violencia de género, 458 denuncias en Norte de Santander en el 2018.

Un pellizco, callar al otro, criticar su forma de vestir, controlar sus amistades y hasta dominar su capital económico son conductas que suelen ocurrir entre parejas y que no se les reconoce como violencia de género. 

Poner fin a una relación amorosa cuando en realidad se ama es, en términos de la emoción, el rompimiento más doloroso que puede afrontar una persona.

El filósofo Aristóteles describía que “el amor se entiende como una decisión. Es un acto de benevolencia por el que yo hago el bien al otro en cuanto al otro”. Es un sentimiento que da razón a la existencia, pero en el que no todo es color de rosa, expresa Vivian Arenas Villamizar, directora del programa de Psicología de la Universidad Simón Bolívar en Cúcuta.

Hay amores tormentosos que por su intensidad pueden escalar hasta lo peligroso. Un pellizco, callar al otro, criticar su forma de vestir, controlar amistades y hasta el dominio del capital económico son pequeñas prácticas violentas que suelen confundirse con el querer.

Según Arenas, esos pequeños actos de celos, comportamientos y hasta prohibiciones tienen cabida en el término: violencia de género; por eso, desde la academia se desarrollan diversas investigaciones, algunas para abordar el dilema que tienen muchas parejas sobre continuar o poner fin a esa convivencia.

Quienes estudian este fenómeno dicen que si se permite que existan estas conductas violentas lo aconsejable es, o poner reglas para que no vuelvan a pasar, o definitivamente romper con el idilio.

El problema, según lo reconocen los investigadores, es ¿cómo establecer qué comportamientos simbolizan violencia de género, cuando estos comportamientos se han legitimado con el paso del tiempo?

En Cúcuta se viene utilizando una herramienta pedagógica que ha servido para orientar a las parejas y se le ha acuñado con el nombre de violentómetro (ver gráfico). En la práctica,es un instrumento pedagógico que disuade a aquellas personas, tanto hombres como mujeres, que no saben diferenciar aquellos comportamientos y que les permite definir cuándo en una relación el trato es amor y cuando es maltrato.

Bromas hirientes en público, chantajes, mentiras, celos u otras conductas entre parejas pueden ser un indicador de que hay que tener cuidado, pues la violencia aumentará.  

Según la revista Forensis (2018), del Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses, en Colombia se hicieron 49.669 peritazgos en el contexto de la violencia de pareja, cuya tasa es de 120, 57 casos por cada cien mil habitantes, siendo el hombre, el principal presunto agresor.

“Controlar al otro, destruir sus objetos, manosear, hacer caricias agresivas, golpear ‘jugando’, pellizcar o arañar son el segundo grado de violencia que parece imperceptible, pero que indican que la violencia seguirá subiendo”, dijo Arenas, quien explicó las bondades de usar la herramienta conocida como violentómetro.

Violencia de género, un fenómeno de la costumbre en Colombia

Según Neida Albornoz Arias y Myriam Carreño Paredes, profesoras de la Universidad Simón Bolívar, el violentómetro es una herramienta con años de uso en México, debido al alto número de casos de violencia de género, que se puede adaptar y usar en Colombia.

Las investigadoras señalan que en nuestro país y región el sistema sociocultural ha sido un sistema construido sobre los imaginarios sociales de la superioridad de los hombres sobre las mujeres. Estos imaginarios por ser signos ordenados, han sido la base sobre las que nuestras culturas han construido sus sistemas de vida tanto sociocultural como jurídicamente.

La Corte Suprema de Justicia ha dicho que “la violencia de género es aquella violencia que hunde sus raíces en las relaciones de género dominantes de una sociedad, como resultado de un notorio e histórico desequilibrio de poder. En nuestra sociedad el dominio es masculino por lo que los actos se dirigen en contra de las mujeres o personas con una identidad de género diversa (lesbianas, gais, bisexuales, transgeneristas e intersexuales) con el fin de perpetuar la subordinación”.

Igualmente, desde la revolución industrial, la división sexual del trabajo hizo que se creyera que los espacios públicos eran para los hombres y los privados para las mujeres. Los espacios públicos, entonces, producirían bienes que aparentemente tenían más valor que los trabajos domésticos, estos últimos generados en los ambientes familiares. 

De igual manera, la construcción de la identidad masculina y femenina se empezó a cimentar de formas diferentes y con base en lo biológico; esto significó, que al ser genitalmente masculinos, los individuos deberían ser fuertes, agresivos, dominantes e independientes y al ser genitalmente femeninos, los individuos deberían ser suaves, nobles, sumisos y dependientes. 

“La gran pregunta que el individuo y la sociedad se deben hacer es: ¿somos naturalmente violentos o nos construimos violentos? y la respuesta es: las dos. Existen estructuras cerebrales que nos hacen violentos y que a veces tienen las personas, pero también existen procesos de socialización que permiten se tenga un comportamiento basado en el conocimiento y comprensión de los diferentes conflictos que se presentan en las relaciones humanas, para así solucionarlos sin violencia”, señaló Carreño Paredes.

Para el caso de la violencia basada en el género, este tipo de violencia se puede entender como la expresión de las relaciones desde siempre desiguales entre hombres y mujeres, que por lógica al ser desiguales exhiben poder de un género sobre otro. Como todos lo saben, históricamente el hombre ha tenido dominancia hacia la mujer.

En su investigación, se analizó la apropiación del concepto de feminicidio por parte de la prensa colombiana y mexicana con relación a casos de muertes de mujeres inmigrantes venezolanas durante el período 2017-2019.

Las investigadoras básicamente revelan las diferencias al comparar los feminicidios en ambos países y evidencian que mientras en Colombia son feminicidios íntimos o de pareja, en México son feminicidios no íntimos.“El tipo de feminicidio varía dependiendo de la relación de la víctima-victimario. Por ejemplo, si entre ellos existe o existió una relación de pareja se denomina ‘feminicidio íntimo’, en caso contrario ‘no íntimo’; y cuando el victimario es otra mujer se conoce como ‘feminicidio por conexión’; clasificación que ofrece la literatura de Russell y Radford”, indicó Albornoz.

‘Algunas mujeres no reconocen la violencia de género’

La violencia de género es un tema que tiene tanto de largo como de ancho, asegura Jesús Oreste Forgiony Santos, psicólogo de la Universidad Simón Bolívar, quien decidió explorar sobre las creencias de violencia de género en Cúcuta. 

Forgiony Santos, en su investigación titulada ‘Creencias de violencia de género en la población de Cúcuta’, encontró que en las mujeres las creencias de violencia de género son inferiores a la de los hombres, llegando a no dimensionarse la raíz de la violencia de género, ni el impacto negativo que causa a nivel social, personal, económico laboral, entre otros, ya que en ocasiones se normaliza dentro de las relaciones de pareja. En palabras más sencillas, el investigador asegura que en muchos casos las mujeres no reconocen como violencia de género hechos que lo son. 

La escolaridad también arrojó otro indicador. El 45,94 %de las personas víctimas de violencia de pareja en 2018 contaba con grado de escolaridad hasta básica secundaria o secundaria baja, según lo indica la Revista Forensis. 

Los investigadores coinciden en que la violencia de género es un problema difícil de erradicar, debido a que algunas personas sienten que aman a pesar de que el maltrato sea físico o psicológico.

¿Qué hacen las autoridades? 

Según la psicóloga Indira Paola Villa Belluci, jefe del programa de valoración en la regional de Medicina Legal, desde la entidad se adelantan valoraciones y aunque existen múltiples campañas que invitan a la mujer a exigir respeto, los factores culturales todavía siguen siendo un obstáculo para erradicar la violencia de género. 

Medicina Legal señala que la violencia infligida por la pareja se presenta en todos los entornos y grupos socioeconómicos, religiosos y culturales. 

Para la jefe de despacho de la Secretaría de la Mujer, Equidad y Género de la Gobernación, Herling Ximena Fernández Maldonado, la mujer debe empoderarse, por ejemplo, no quedándose callada ante hechos de violencia y buscando ayuda profesional. 

“Se ha invertido en el departamento $3.950 millones en 8 programas y 35 subprogramas para erradicar la violencia de género. En la Secretaría recibimos mensualmente a unas 40 mujeres que denuncian maltrato y con nuestro equipo jurídico y psicológico prestamos la atención al respecto”, comentó la funcionaria, quien agregó que “estamos haciendo prevención, pero decir que están dadas todas las garantías para evitar este problema es imposible”.

Reconozca cinco tipos de violencia

Física: Cuando se ejerce violencia sobre el otro. 

Económica: El agresor limita el acceso a recursos económicos con el fin de manipular a su pareja. 

Psicológica o verbal: Groserías, desagravios, burlas, chantajes, entre otros. 

Patrimonial: Destrucción, retención de objetos, documentos personales, entre otros. 

Sexual: Acoso sexual, tocamientos, sexo sin su consentimiento, etc.

 

* Material producido para la alianza Unisimón - diario La Opinión.

 

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